Personajes Contemporáneos

El apellido Mandela resuena como un mantra en los oídos de muchos de nosotros, por su larga fidelidad a una causa justa, por su vocación política de compromiso y negociación, por su moderación como estadista. Mandela es un líder modelo para nuestro tiempo, sin distinción de raza, de religión, de ideología política. Hizo realidad el sueño de libertad de una Sudáfrica negra. Mandela culminó así un recorrido – a través de cuatro estaciones– que lo acredita como uno de los grandes líderes revolucionarios de la Historia de la Humanidad. Su figura de líder, majestuosa pero a la vez humilde y popular, quedará en los anales de la historia del pasado milenio. Como dijo Carlyle, “hay hombres que modelan pueblos, naciones y largas épocas”.

Su nombre ha llegado a ser una consigna, un sinónimo de acción. Un nombre capaz de hacer reverberar energías ocultas en mentes y corazones porque encarna una personalidad a imitar, una causa a perpetuar, un mensaje a refrendar.

Al nacer, su destino ya estaba marcado: por sus orígenes tendría que asumir el liderazgo de su tribu. Mandela iba a ser el jefe de los Xhosa. Y en medio aquel mundo de jerarquías tribales, el niño Mandela fue creciendo, aprendiendo a cultivar la tierra y a cuidar del ganado. Fueron aquellos tiempos felices en los que el joven no podía dejar de impresionarse cuando se celebraban los consejos tribales, donde todo era decidido como si de un tribunal de derecho se tratara, con la  supervisión del jefe y las consideraciones de ambas partes. De estos consejos tribales seguramente nació en su interior el deseo de ser abogado para defender y ayudar a quién necesitara.

Descendiente de una familia bien acomodada, Mandela vio como su padre lo perdía todo por enfrentarse a magistrados ingleses en nombre de la justicia. A los nueve años pierde a su padre y es obligado a abandonar a su madre y a su pueblo para irse vivir con el jefe de Jongintaba, donde permanece durante diez años. Más tarde, llega el momento de salir de la tribu e ir en pos de su sueño. La autoritaria decisión de su tutor de casarle (sin consultarle) con una chica “gorda y buena”, como parte de su formación y la intención de hacerle permanecer en Jongintaba para cuidar de su gente, asumiendo finalmente su papel como jefe, actúan como detontantes. En ese momento, Mandela comprende que tiene que marcharse.

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